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Por Jorge Loayza.
Fotos: Claudia Alva
La conocida chicha
de jora ahora se
llama coca jora y la
apetecible ocopa ha
mutado de nombre y
sabor para llamarse
en adelante cocopa,
igual de verde pero
no por el huacatay
sino gracias a una
cucharadita de la
harina de la
tradicional hoja. Su
creadora, la señora
Magda Rojas, asegura
que el plato es
apetecible.Y lo dice
sin intención
perversa porque sus
recetas solo se
ingieren vía oral y
no nasal.
La lista es casi
interminable:
chocolates, licor,
cápsulas, cremas,
pasta dental, jabón,
champú, fideos,
galletas y todo el
etcétera que puede
llevar harina de
coca. Basta con
darse una vuelta por
la feria artesanal
ubicada a la espalda
del colegio Melitón
Carvajal –en Lince–
donde algunos
pequeños empresarios
batallan en la
defensa de sus
productos elaborados
con la perseguida
hoja.
El enfrentamiento se
ha trasladado de los
campos de cultivo a
la ciudad donde los
empresarios
–apoyados por
algunos
profesionales de la
salud– defienden los
beneficios de la
hoja frente a la
oposición de
instituciones como
Devida o Cedro que
alertan sobre el
grave peligro en su
industrialización. |

Lidia Cortez,
organizadora
de la feria
donde se
promueven
los
productos a
base de hoja
de coca. |
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Hojita,
hojita
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Con el
machete
de sus
argumentos,
el
médico y
coordinador
del área
de
investigaciones
de
Cedro,
Alfonso
Zavaleta,
intenta
quitar
de raíz
la
posibilidad
de
industrializar
la hoja
de coca.
"Como
cualquier
producto
vegetal
tiene
proteínas
vegetales,
alrededor
de
veinte
por
ciento,
muy
pocos
carbohidratos,
pocas
grasas y
un
conjunto
de
sustancias
micronutrientes
como la
vitamina
A,
varias
del
grupo B,
calcio y
algunos
iones.
De todo
esto que
forma la
composición
química
natural
de la
planta,
habría
cuatro
compuestos
que se
podrían
"aprovechar",
pero
después
se ha
visto
que esto
no sería
tan
cierto",
dice el
especialista
como
punto de
partida.
El
doctor
señala
que las
proteínas
de la
hoja de
coca
–tanto
entera
como en
polvo–
no las
puede
digerir
bien el
organismo
del ser
humano.
Algo
similar
ocurre
con el
calcio.
Sin
embargo,
admite
que sí
tiene
cantidades
altas de
vitamina
A.
Respuestas
a esas
afirmaciones
no
faltan.
El
psiquiatra
Teobaldo
Llosa,
quien
además
asesora
a
productores
de hoja
de coca,
sostiene
que si
bien en
el tema
de la
absorción
de
proteínas
Zavaleta
tiene
razón,
en el
caso del
calcio
es
diferente
porque
la coca
tiene la
mayor
concentración
de ese
mineral
entre
las
plantas
de la
región y
se
absorbe
de un 20
a un 30
por
ciento,
cantidad
suficiente
para
suplir
necesidades
como
complemento
nutritivo
y
terapéutico.
"Baste
el hecho
de que
se
puedan
obtener
vitaminas
A y B,
en las
mismas
cantidades
que
otras
plantas,
para que
su uso
sea
recomendable,
pues se
trataría
de un
complemento
con muy
bajo
costo",
apunta.
Sin
embargo,
Zavaleta
indica
que el
tema de
discusión
principal
en la
industrialización
de la
hoja de
coca es
la
presencia
de los
13 a 15
alcaloides
que se
pueden
encontrar,
de los
cuales
el
principal
es la
temida
cocaína.
"En
cualquier
forma
que se
prepare
la hoja,
esos
alcaloides
van a
estar
presentes
lo cual
hace que
tenga
una
toxicidad
implícita",
precisa.
Uno de
los
productos
de hoja
de coca
con gran
aceptación
de los
consumidores
es la
harina.
En la
feria de
productores
de coca,
Manuel
Seminario,
representante
de la
empresa
Maná, es
un
promotor
empedernido
de ese
producto.
En su
stand ha
instalado
una
moledora
de donde
las
hojas
salen
convertidas
en un
polvo
tosco
que debe
volver a
moler
para
refinarlo.
Seminario
indica
que hace
eso
porque
la
Empresa
Nacional
de la
Coca (Enaco)
solo le
vende
diez
kilos de
harina
micropulverizada
mensuales
lo cual
no le
alcanza
para las
galletas,
fideos,
chocotejas
y hasta
hojas de
coca
bañadas
con
chocolate.
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"En un queque, el 95% de la
harina debe ser de trigo y
el resto de coca. Si se
divide en doce porciones,
cada una contendría unos
cuatro gramos de hoja, lo
que equivaldría a un
chacchado", explica.
¿Es posible esa alternativa?
Para la nutricionista
Geraldine Maurer, la harina
de coca puede ser
interesante como un
complemento para la
elaboración de otros
productos y descarta el
riesgo de que sea adictiva
si se consume en cantidades
prudentes. Sí tiene claro,
no obstante, que no se van a
solucionar los problemas
nutricionales de la
población peruana.

Hugo Cabieses busca
salida pacífica para
la hoja de coca. |
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Si la
harina
de coca
genera
un
debate
que no
pone de
acuerdo
a ambas
partes,
con el
empleo
de la
hoja en
la
preparación
de
bebidas
energizantes
el tema
se
vuelve
todavía
más
delicado.
La
nutricionista
Geraldine
Maurer
manifiesta
que los
alcaloides
que
contiene
la hoja
son
elementos
no
nutricionales,
los
cuales
provocan
efectos
bastante
identificables.
"La coca
es un
energizante.
Sus
alcaloides
mejoran
el
estado
anímico,
quitan
el
apetito
para
bajar de
peso. En
la
sierra
se usa
como
estimulante
para el
trabajo
duro.
Personalmente
tuve un
proyecto
junto a
una
colega
para
lanzar
una
bebida
energizante
con hoja
de coca
pero
Enaco
nunca
nos dio
la
información
que
necesitábamos",
confiesa
la
nutricionista. |
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Las bebidas con hoja de coca
son un punto crítico
precisamente por los
alcaloides. En julio del
2004 se lanzó al mercado la
bebida "K-Drink", elaborada
en base a la bendita (o
maldita) planta, con la
terrible estigmatización de
su peligrosa adicción. A
pesar de ello logró
exportarse. Pero la JIFE
(Junta Internacional
Fiscalizadora de
Estupefacientes) dictaminó
que no podía seguir
vendiéndose.
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El doctor Zavaleta
se alinea con esa
posición. Para él,
las bebidas con hoja
de coca deben ser "descocainizadas",
es decir que pierdan
su encanto. Eso tuvo
que hacer la empresa
que vende "Vortex".
"Los alcaloides de
la hoja de coca son
adictivos en el
largo plazo. Los que
están a favor de
estas bebidas te
dicen que no son
adictivas porque no
ves el resultado de
inmediato, ¿pero más
tarde? ¿Y si se te
ocurre tomar
cincuenta botellas,
o te metes un kilo
de harina de hoja de
coca en un coca sour?
Es un ‘tirazo’",
dice Zavaleta, en un
tono alarmista.
Para Teobaldo Llosa
esas afirmaciones no
tienen sentido. Pone
como ejemplo que los
serranos
agricultores y
mineros consumen
coca todos los días,
con lo cual logran
más resistencia
laboral, sin
adicción.
Para el doctor, el
consumo de coca por
vía oral ha
demostrado, a lo
largo de miles de
años, que no
solamente no hace
daño, sino que
beneficia a la
persona.
Y mientras los
especialistas
continúan
discutiendo, la hoja
de coca no se deja
de chacchar. La
misma organizadora
de la feria
artesanal que
promueve diversos
productos en base a
la planta, Lidia
Cortez, afirma que
si consigue trabajar
todo el día y dormir
pocas horas, es
porque siempre
chaccha. |
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La
harina
de coca
también
se puede
conseguir
moliendo
las
hojas en
casa.
Luego se
mezcla
con la
harina
de
trigo.
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Para creerle, se saca la
lliclla y nos muestra una
ruma de hojas. Ella se ríe,
confiada en que la Policía
ya sabe a lo que se dedica.
Un
mundo verde
De las 110 mil toneladas
métricas de hoja de coca que
se producen en nuestro país
anualmente –en
aproximadamente 50 mil
hectáreas– el consumo legal
alcanza solamente las 9 mil.
De esta cantidad, se estima
que unas 3 mil van para la
incipiente
industrialización. El resto,
101 mil, tienen como destino
el narcotráfico.
En este complicado panorama,
el economista Hugo Cabieses
está a favor de la
despenalización de la
mencionada hoja, pero aclara
que no se debe vender la
idea de que esta va a ser la
llave que abra las puertas
de un gran desarrollo
económico. "Antes de
satanizarla, como lo hace
Devida, se deben hacer
investigaciones para
incrementar su uso en
infinidad de productos",
sostiene.
El economista estima que si
se lanzara un agresivo
programa de
industrialización en Perú y
Bolivia, podría usarse la
producción de hasta 45mil
hectáreas.
Cabe señalar que un punto
clave en todo este tema es
la despenalización. Cuando
se lanzó la bebida K-Drink
con el apoyo de la propia
Enaco (y con niveles de
cocaína aprobados), al
venderse en el extranjero la
Junta Internacional
Fiscalizadora de
Estupefacientes le señaló a
su promotor que la
Convención de
Estupefacientes de Viena
indica que un producto con
alcaloides de hoja de coca
solo puede estar destinado
para uso médico o científico |