Irineo Mora
Sandi, de
nacionalidad
boliviana,
tenía un
negocio de
herboristería
en la calle
Olimpo, de
Lomas de
Zamora,
donde hay
muchos
comercios y
funciona
también una
feria de
comerciantes
de ese
origen. En
marzo del
año pasado,
la policía
irrumpió en
varios de
esos
locales.
Mora Sandi,
entre otros
muchos
productos,
vendía hojas
de coca: fue
detenido, y
el juez
Carlos
Ferreiro
Pella,
titular del
juzgado
federal en
lo Criminal
y
Correccional
Nº 2,
decidió
procesarlo
por
infracción
al art. 5º
inciso a) de
la Ley
23.737,
según el
cual “será
reprimido
con
reclusión o
prisión
desde 4 a 15
años y multa
de $ 225 a $
18.750 el
que sin
autorización
o con
destino
ilegítimo
siembre o
cultive o
guarde
semillas
utilizables
para
producir
estupefacientes,
o materias
primas, o
elementos
destinados a
su
producción o
fabricación”.
La tenencia
de hojas de
coca no es
en sí misma
delito: el
art. 15 de
la misma ley
establece
que “la
tenencia y
el consumo
de hojas de
coca en su
estado
natural,
destinado a
la práctica
del coqueo o
masticación,
o a su
empleo como
infusión, no
será
considerada
como
tenencia o
consumo de
estupefacientes”.
El argumento
del juez
Ferreiro
Pella y del
fiscal
Gentili se
basa en que,
aunque tener
hojas de
coca no es
delito, la
hoja de coca
es “materia
prima” de la
cocaína, lo
cual
justificaría
que Mora
Sandi esté
preso desde
marzo del
año pasado.
La
Federación
Argentina de
Colectividades
(FAC) –en
una
presentación
suscripta
por su
vicepresidente,
Gabriel
Juricich–
observa que
“según datos
obrantes en
la causa, la
cantidad
total de
hojas de
coca que
este
ciudadano
boliviano
tenía en su
comercio era
de 5,4
kilos. Según
los
peritajes
efectuados,
esta
cantidad
sólo podría
obtener
13,48 gramos
de cocaína.
El mismo
informe
pericial
especifica
que los
adictos
toleran más
de diez
gramos
diarios de
cocaína, de
modo que con
todo el
material
secuestrado
tendríamos
sólo la
cantidad
suficiente
para un día
de un
adicto”.
Además, y
centralmente,
“las hojas
de coca en
sí no son
cocaína: hay
que tratar
la hoja,
separar los
demás
alcaloides
de la
cocaína y
cristalizarla
en una sal.
Para hacer
la pasta
base hacen
falta los
siguientes
precursores:
petróleo o
querosén,
ácido
sulfúrico y
un álcali
que puede
ser cal,
carbonato
sódico o
potasa. El
proceso de
secado puede
durar varios
días”,
explica la
FAC, y
destaca que
en el local
de Mora
Sandi “no
había
ninguna otra
materia
prima para
producir
droga”,
destaca la
FAC.
Según la
presentación
de la FAC,
“no se ha
tomado en
cuenta la
costumbre
boliviana de
consumo de
estas hojas
en su estado
natural. La
ignorancia
de la
cultura y la
formación de
los
inmigrantes
que integran
el
territorio
nacional o
de los
pueblos
originarios,
más allá de
generar una
falta total
de equidad,
se
transforman
en focos de
discriminación”.
La
Federación
también
observa que
“la hoja de
coca se ha
llevado al
ámbito
internacinal
de la mano
del propio
presidente
de Bolivia,
además de
otros jefes
de Estado
que están
comprendiendo
y
valorizando
una cultura
de siglos,
que fue
ocultada por
los
prejuicios y
los negocios
de la
explotación
de los
centros de
poder”.
Teodora
Zamudio
–profesora
titular de
Derechos de
los Pueblos
Indígenas en
la Facultad
de Derecho
de la UBA–
ratificó que
“según el
Código
Penal, el
coqueo y la
infusión de
coca están
permitidos.
Y hay
jurisprudencia
explicando
que, si una
persona
puede mascar
coca, para
conseguirla
necesita que
alguien se
la venda.
Correspondería
una
reglamentación
más clara de
la ley, ya
que, al no
estar
regulada su
venta, no
hay un
control
sanitario de
la hoja de
coca”.
En cuanto a
la detención
de Mora
Sandi, “hay
jurisprudencia
aplicable:
una persona
que había
entrado al
país desde
Bolivia
llevando
hojas de
coca fue
detenida por
tráfico de
estupefacientes:
la Cámara
dictaminó
que no
correspondía
la detención
porque no
estaba
ingresando
ningún
estupefaciente,
no lo es la
hoja de
coca”, contó
Zamudio.
La profesora
de la UBA
destacó que
Mora Sandi
“estaba
vendiendo la
hoja de coca
a su propia
colectividad,
y el coqueo
es una
práctica de
orden
ritual: la
coca es a
los
bolivianos
lo que el
mate a los
uruguayos;
más aún en
realidad,
porque
remite a
valores
simbólicos
ancestrales.
En un orden
más directo,
el coqueo de
los
bolivianos
en la
Argentina es
comparable
con la
conducta de
los
argentinos
que,
habiendo
emigrado a
otros
continentes,
toman mate”.