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Los
derivados de la planta de
coca se lanzan a la
conquista del mercado
global. Distintos
profesionales de la medicina
, la política y la economía
se dividen ante este proceso
de industrialización.
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Cuzco.-
Tal vez en un futuro no muy
lejano veamos en las
estanterías de los
supermercados vascos
diferentes productos
derivados de la hoja de
coca. Estos productos ya se
venden de manera legal en
países como Perú y Bolivia,
sólo la política antidroga
de los Estados Unidos impide
su exportación al resto del
mundo.
Aunque es conocida
mundialmente por su
elaboración química como
cocaína, la hoja de coca se
consume de diversas formas
en la zona andina casi desde
siempre. Su uso más común es
en infusión y también
mascada con |
ceniza: el mate de coca es
aconsejable para cualquier
malestar estomacal y para
aliviar el soroche (mal de
altura). Los campesinos de
los andes la mascan para
combatir el cansancio y la
sensación de hambre.
Sin embargo, con el boom de
la cocaína el precio de la
planta se ha disparado y
también la polémica sobre
esta hoja milenaria. La
política antidroga de los
Estados Unidos les ha
llevado a promover la
erradicación de los cultivos
en sus estados aliados,
pero, como reacción a esta
política, la hoja de coca se
ha convertido también para
muchos en bandera de
autoafirmación antiyanqui.
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A estas alturas muchas
personas saben que el actual
presidente boliviano Evo
Morales empezó su carrera
política como dirigente
cocalero en el Chapare del
oriente boliviano, quizá no
lo sea tanto que la
presidente de la asamblea
constituyente boliviana es
una indígena cocalera. En
Perú Ollanta Humala, el
candidato presidencial
ganador de la primera vuelta
en las pasadas elecciones,
propuso una original
respuesta a la política
norteamericana de
erradicación: "cómprennos
toda la producción excedente
de hoja de coca, -decía a
los gringos-, uego si
quieren destrúyanla,
esto les saldrá
millones de dólares
más barato que su
actual política
antidroga".
Asimismo, varias de
las diputadas humalistas en el
congreso peruano son
dirigentes cocaleras, entre
ellas la más conocida es
Elsa Malpartida,
conocida como mama
coca, una mujer que
ha construido una
compañía de
transportes para
sacar la hoja de
coca de la selva
peruana e
introducirla en el
mercado. |
lVortex
versus Coca Cola
El mercado de derivados de
la hoja sagrada, como la
llaman los indígenas
andinos, se ha disparado en
los últimos años:
chocolates, licor, cápsulas,
cremas, pasta dental,
champú, fideos, galletas y
sobre todo la harina de
coca, uno de los productos
de más éxito. Empresarios de
Perú y Bolivia, apoyados por
algunos profesionales de la
salud, han entrado con
fuerza en este mercado
frente a la oposición de
instituciones como cedro
(centro de estudios de la
droga) y sobre todo de la
administración
estadounidense, que alertan
sobre el grave peligro de su
industrialización. Entre
todos estos productos, ha
sido el Vortex el que más
polémica ha levantado. Se
trata de un vigorizante
parecido al Red Bull
elaborado con hojas de coca.
Su gran éxito en el mercado
ha levantado la voz de
alarma y muchos sospechan
que competidores como Coca
Cola o el mismo Red Bull
están detrás de la campaña
en su contra. Finalmente, la
JIFE (Junta Internacional
Fiscalizadora de
Estupefacientes) obligó a
los promotores de este
producto a eliminar los
alcaloides que contenía, con
lo que perdió su
características
euforizantes.
La comunidad científica está
dividida en esta cuestión.
El punto crucial de la
polémica es el contenido en
alcaloides de la coca, que,
según algunos científicos,
puede producir adicción a
largo plazo. El doctor
Zabaleta de la institución
peruana CEDRO llega a
afirmar: "los alcaloides de
la hoja de coca son
adictivos en el largo plazo.
Los que están a favor de
estas bebidas te dicen que
no son adictivas porque ven
el resultado de inmediato,
¿pero más tarde? ¿y si se te
ocurre tomar cincuenta
botellas o te metes un kilo
de harina de coca? Es como
un tirazo ", dice en tono
alarmista.
Otros profesionales de la
salud, como el psiquiatra
Teobaldo Llosa, rechazan
estas afirmaciones. Pone
como ejemplo que los
agricultores serranos y los
mineros del altiplano
boliviano consumen coca
todos los días sin adicción.
Sin embargo, consiguen
beneficios como aumentar su
resistencia en el trabajo.
También apunta que la
ingesta de coca tiene
beneficios nutricionales:
contiene calcio y vitaminas
a y b, que son complementos
importantes en la
alimentación. La
nutricionista Geraldin
Maurer insiste en que la
harina de coca puede ser un
complemento interesante a la
nutrición, con la ventaja de
ser un producto de bajo
coste, siempre que se use de
forma adecuada. Además,
apunta que la coca es un
energético: "sus alcaloides
quitan el apetito, sirven
para bajar de peso. En la
sierra se usa como
estimulante para el trabajo
duro".
Factor
de desarrollo económico
También los economistas han
entrado en la polémica. Para
muchos de ellos la
comercialización de la coca
podría suponer un factor de
desarrollo para las
maltrechas economías
andinas. Actualmente, la
gran mayoría de las
hectáreas cultivadas de hoja
de coca se destinan al
narcotráfico. Sin embargo, a
juicio del economista
peruano Hugo Cabieses, un
agresivo programa de
industrialización de
derivados legales podría
revertir esta situación y
podrían usarse para ese fin
45.000 de las más de 100.000
hectáreas actualmente
cultivadas, solamente en el
mercado interior.
Bien
cultural de gran importancia
En toda la zona andina la
hoja de coca no es solamente
un producto de amplia
difusión y consumo, también
es un bien cultural de gran
importancia. Los indígenas
quechuas y aymaras la
utilizan en sus ritos
adivinatorios: bien por el
sabor dulce o amargo de la
planta, buenos o malos
augurios, o también
lanzándolas al suelo y
estudiando la forma en que
quedan colocadas. Además la
utilizan en sus ritos
propiciatorios, en forma de
sacrificios, en las limpias
de casas… En general, la
consideran una planta
sagrada por sus propiedades
y por ponerles en contacto
con sus divinidades. (j.i.)
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