INFORME
DE
KANATARI
DROGAS,
BAJO
LA
AMENAZA
DE
UN
NUEVO
CICLO
DE
DEMANDA
MUNDIAL
Escribe
Róger
Rumrrill,
Iquitos,
4 de
Mayo
2007
Toda
la
violencia
desatada
en
las
últimas
semanas
principalmente
entre
los
productores
de
hoja
de
coca
de
los
Valles
del
Alto
Huallaga
y el
Monzón
y el
gobierno
del
Dr.
Alan
García
Pérez
es,
parafraseando
la
famosa
narración
de
Gabriel
García
Márquez,
la
crónica
de
una
violencia
anunciada.
En
efecto,
el
15
de
marzo
pasado,
el
Ing.
Juan
José
Salazar
García,
ministro
de
agricultura,
en
representación
del
gobierno
aprista
suscribe,
junto
con
la
dirigencia
cocalera
la
llamada
“Acta
de
Tocache”
en
la
que
el
Ejecutivo
se
compromete
a
suspender
la
erradicación
de
los
cocales,
a
excepción
de
las
plantaciones
cercanas
a
las
pozas
de
maceración
en
un
perímetro
de
1000
metros
cuadrados
y a
proceder
al
empadronamiento
general
de
todos
los
productores
de
coca
y a
efectuar
un
levantamiento
catastral
de
los
cultivos.
Los
“halcones”
de
la
política
antidrogas
camuflados
en
el
aparato
del
Estado,
en
los
medios
de
comunicación,
en
asépticos
centros
de
estudios
y
embajadas
piden
la
cabeza
del
ministro
Salazar
por
haber
capitulado
ante
las
demandas
de
los
cocaleros
a
los
cuales,
de
modo
directo,
se
les
relaciona
con
el
narcotráfico
y
Sendero
Luminoso.
A
partir
de
este
momento,
empieza
la
guerra
verbal
y
cada
bando
se
pone
en
sus
trece.
El
gobierno
decide
no
cumplir
el
acta,
sin
importarle
la
devaluación
de
su
palabra
y
los
cocaleros
amenazan
con
medidas
de
fuerza
que
han
venido
ejecutando
con
el
cierre
y
bloqueo
de
la
estratégica
y
más
importante
carretera
de
penetración
del
país,
la
“Federico
Basadre”,
que
es
una
arteria
que
articula
la
economía
entre
las
regiones
de
la
Costa,
particularmente
Lima,
y la
Amazonía.
La
áspera
y
torpe
intransigencia
de
ambos,
cocaleros
y
gobierno,
está
provocando
pérdidas
cuantiosas
en
un
país
golpeado
por
la
pobreza
pese
a
las
triunfales
cifras
de
un
crecimiento
concentrado
en
pocas
manos
y
está
generando
el
caldo
de
cultivo
para
Sendero
Luminoso
y el
narcotráfico.
Mientras
se
produce
este
enfrentamiento
absurdo,
la
onda
expansiva
de
un
nuevo
y
renovado
ciclo
de
demanda
mundial
de
las
drogas
está
por
tocar
nuestras
puertas.
Si
esta
nueva
onda
de
expansión
de
consumo
de
drogas
a
nivel
planetario
nos
inunda
antes
de
que
hayamos
resuelto
el
problema
de
la
coca
vinculada
al
mercado
del
narcotráfico,
el
Perú
podría
tener
los
patrones
de
violencia,
y
corrupción
que
ahora
sacude
y
socava
a
países
hermanos
como
Colombia
y
México.
China,
el
nuevo
motor
de
la
demanda
En
este
nuevo
ciclo,
China
es
el
motor
de
la
demanda
mundial
de
drogas.
Como
lo
fue
Estados
Unidos
en
los
setentas
del
siglo
XX
al
final
de
la
Guerra
de
Vietnam
y en
un
período
de
crecimiento
de
la
economía
mundial,
esta
vez
el
gigante
chino,
que
crece
a
una
tasa
anual
del
10
por
ciento
por
encima
de
todas
las
economías
del
mundo,
con
sus
1300
millones
de
habitantes,
sus
40
millones
de
multimillonarios
y
sus
300
millones
de
prósperos
clasemedieros,
se
erige
no
sólo
en
el
primer
y
mayor
candidato
a
reinar
como
el
nuevo
imperio
económico
y
político
del
siglo
XXI,
sino
también
a
desplazar
al
todavía
vigente
imperio
actual,
Estados
Unidos,
de
su
condición
de
primera
potencia
política,
económica
y
militar
y
también
de
su
rango
de
mayor
consumidor
de
drogas
por
ahora
ilegales:
cocaína,
heroína,
hashís
y
metanfetaminas.
Tal
como
ocurría
en
los
setentas
del
siglo
pasado,
cuando
los
“yuppies”
o
capitanes
de
la
economía
estadounidense
consumían
cocaína,
la
droga
elegida
en
los
períodos
de
prosperidad
y
crecimiento
económicos
por
sus
propiedades
de
poderoso
estimulante,
los
multimillonarios
chinos
de
Shangai,
Pekín
consumen
cocaína
con
los
mismos
fines.
Otra
de
las
drogas
de
gran
consumo
son
las
metanfetaminas
especialmente
entre
los
militares
y
las
capas
pobres
de
la
población.
No
hay
que
olvidar
que
buena
parte
de
la
prosperidad
y el
crecimiento
chino
está
basado
en
los
salarios
de
esclavitud
que
perciben
los
trabajadores
(50
centavos
de
dólar
por
hora
de
trabajo,
frente
a 6
dólares
la
hora
que
percibe
el
trabajador
agrícola
mexicano
en
los
campos
californianos),
la
inexistencia
o
laxitud
de
normas
ambientales
y la
prohibición
de
sindicatos.
Por
estas
y
otras
razones
China
es
el
paraíso
de
las
multinacionales
de
todo
el
mundo
que
han
convertido
al
gigante
asiático
en
el
nuevo
“El
Dorado”
para
colocar
sus
inversiones.
Características
del
nuevo
ciclo
Este
nuevo
ciclo
mundial
de
consumo
de
drogas
tiene
algunas
características
que
lo
diferencian
del
primero
de
los
setentas
del
siglo
pasado.
Hoy,
el
mundo
es
más
inseguro
que
nunca
después
de
la
invasión
norteamericana
de
Irak
y
Afganistán
y el
despliegue
de
la
“guerra
mundial
contra
el
terrorismo”.
Esa
incertidumbre
e
inseguridad
tienen
su
correlato
en
el
pensamiento
y la
filosofía
postmodernas
que
relativizan
el
sistema
de
creencias,
la
fe,
la
razón
y
las
certidumbres
que
fueron
y
quizás
sigan
siendo
las
piedras
angulares
de
las
sociedades
de
la
modernidad.
En
los
setentas
del
siglo
pasado,
al
término
de
la
Guerra
de
Vietnam,
que
fue
la
peor
derrota
militar
de
Estados
Unidos
en
el
siglo
XX,
la
apertura
de
China
y la
Unión
Soviética
y
los
acuerdos
firmados
por
Washington
durante
el
gobierno
de
Richard
Nixon
en
el
contexto
de
la
“Guerra
Fría”,
generaron
cierta
sensación
de
seguridad
que
ahora
el
mundo
no
conoce
más.
Quizás
un
expresión
de
ese
relativismo
y
ese
“sálvese
quién
pueda”
que
caracteriza
a la
sociedad
postmoderna
es
el
policonsumo
de
drogas
especialmente
en
Occidente.
Grupos
de
consumidores
adquieren
en
el
mercado
un
“paquete”
que
contiene
diversas
drogas
para
diversos
usos,
placeres,
apetencias
y
necesidades.
Cocaína
que
el
grupo
consume
un
fin
de
semana
dedicado
al
placer
amoroso.
El
lunes,
para
bajar
la
intensidad
y
tener
un
aterrizaje
de
sensaciones
y
efectos
suaves
y
placenteros
la
droga
elegida
es
el
hashís.
Luego,
durante
la
semana,
cuando
los
usuarios
han
retornado
a la
dura
realidad
del
mundo
, la
droga
para
escapar
de
esta
cotidianeidad
con
frecuencia
insoportable
es
la
heroína
depresora.
Además,
hay
diversos
tipos
de
metanfetaminas
para
cada
género
musical
para
divertirse
frenéticamente
en
las
“caves”
y
discotecas
de
cualquier
ciudad
del
mundo.
En
este
nuevo
ciclo,
el
consumo
de
cocaína
en
Estados
Unidos
se
ha
estabilizado
con
un
promedio
de
20
millones
de
usuarios.
Aunque
el
consumo
de
matanfetaminas,
en
particular
el
“meth”
tiene
un
crecimiento
exponencial
sobre
todo
en
el
estado
de
California
que,
si
fuera
un
país,
sería
la
sexta
economía
del
mundo
gracias
al
trabajo
de
los
inmigrantes,
la
industria
de
la
diversión
y el
entretenimiento
(Disneylandia,
Hollywood
, la
industria
electrónica
y
muy
pronto
el
etanol).
Otra
característica
en
este
nuevo
ciclo
es
que
la
economía
de
las
drogas,
el
“cash
flow”
que
alimenta
las
economías
de
casi
todas
las
naciones
del
mundo,
no
está
concentrado
únicamente
en
las
“firmas”
o
carteles,
en
los
bancos
y el
sistema
de
“lavandería”
de
la
economía
ilegal
que
funciona
en
todos
los
países,
sino
que
se
distribuye
en
un
gigantesco
“narcomenudeo”,
como
en
México.
Según
Julio
Velarde,
presidente
del
Banco
Central
de
Reserva,
el
narcotráfico
inyecta
a la
economía
peruana
un
promedio
de
1000
millones
de
dólares
anuales.
A
diferencia
del
primer
ciclo,
en
el
nuevo
en
el
que
estamos
ingresando
aceleradamente,
la
cocaína
gana
terreno
en
mercados
de
consumo
donde
antes
reinaba
sola
la
heroína,
el
sudeste
asiático.
Además,
cambia
de
estrategias
y se
adapta
a
los
mercados
de
manera
muy
funcional.
Así,
por
ejemplo,
en
Madagascar,
las
mafias
colombianas
pagan
a
los
extractores
de
piedras
preciosas
con
cocaína.
La
demonización
de
las
drogas
Incluso
el
discurso
contra
las
drogas
parece
mucho
más
radical,
prohibicionista
y
demonizador
que
en
el
primer
ciclo
por
razones
obvias:
la
utilización
geopolítica
de
la
“guerra
mundial
contra
las
drogas”.
Sin
embargo,
las
muertes
que
producen
la
cocaína,
el
hashís
y la
heroína
en
Francia
cada
año
no
pasa
de
60
personas,
aunque
en
los
noventas
del
siglo
XX
llegaban
a
500
y
600.
En
cambio,
las
muertes
por
el
consumo
de
drogas
legales
y
que
pagan
impuestos,
como
el
alcohol
y el
tabaco
pasan
de
100
mil
anualmente.
En
Estados
Unidos
las
muertes
por
tabaco
llegan
a
300
mil
y
por
alcohol
a
100
mil.
Las
víctimas
por
drogas
ilegales
como
cocaína,
heroína
y
metanfetaminas
están
por
los
3500
cada
año.
Investigaciones
recientes
están
revisando
y
rectificando
el
“cash
flow”
de
la
economía
de
las
drogas
que
desde
hace
una
década,
citando
a
las
Naciones
Unidas,
se
afirma
que
está
por
encima
de
los
500
mil
millones
de
dólares.
Los
estudios
que
hemos
revisado
en
Francia
señalan
que
este
dinero
sucio
no
pasaría
de
40
mil
millones
de
dólares
anuales,
sobre
todo
porque
ahora
con
el
“narcomenudeo”
este
dinero
sucio
está
menos
concentrado
como
ya
señalamos.
Después
de
todo,
el
miedo
que
provocan
las
plantas
picotrópicas
en
la
sociedad
postmoderna
y
que
ha
llevado
a
declararlas
una
“guerra
mundial”,
es
el
miedo
y el
pavor
del
sistema
capitalista,
de
la
sociedad
de
consumo,
a
una
rebelión
de
sus
“esclavos”,
es
decir,
de
las
víctimas
del
consumismo
“liberados”
por
los
estados
alterados
de
conciencia.
Hablo
sobre
todo
de
las
sociedades
occidentales,
principalmente
de
Estados
Unidos,
un
país
y
una
sociedad
que
“vive
un
estado
de
orgía
del
consumo”,
como
ha
calificado
Joseph
Stiglitz,
Premio
Nobel
de
Economía.
Una
sociedad
hedonista
que,
por
ésta
y
otras
causa
y
razones,
ocupa
el
primer
lugar
del
consumo
de
drogas
legales
e
ilegales
en
el
mundo.
En
las
civilizaciones
antiguas
y
todavía
en
hoy
en
las
sociedades
y
culturas
indígenas,
el
consumo
de
drogas,
en
particular
alucinógenos,
es
aún
ritual
y
está
sacralizada.
Pero
las
drogas
se
han
desacralizado
para
convertirse
en
un
producto
más
de
las
sociedades
insaciablemente
consumistas
del
siglo
XXI.
Este
consumismo
de
drogas
explica
por
qué,
después
de
más
de
30
años
de
la
“guerra
contra
las
drogas”
haya
tanta
producción
y
consumo
como
en
el
primer
día
en
que
el
presidente
Nixon
declaró
la
“guerra
mundial
contra
las
drogas”
en
1969.
Se
estima
que
actualmente
existen
150
mil
hectáreas
de
amapola
en
el
mundo.
Cien
mil
de
estas
hectáreas
están
sólo
en
Afganistán;
hay
72
mil
hectáreas
de
marihuana
sólo
en
Marruecos,
primer
productor
mundial
de
este
cultivo.
En
cuanto
a
coca,
la
superficie
estimada
bordea
las
200
mil
hectáreas
distribuidas
en
Colombia,
Perú
y
Bolivia.
En
cuanto
al
consumo,
sin
incluir
todavía
la
masiva
demanda
de
drogas
ilegales
en
China,
las
cifras
de
Antonio
María
Costa,
director
de
la
ONUDD,
son
las
siguientes:
150
millones
de
consumidores
de
marihuana;
38
millones
de
usuarios
de
metanfetaminas;15
millones
de
consumidores
de
heroina
y
otros
opiáceos
y 13
millones
de
consumidores
de
cocaína.
Cifras
de
consumo
mundial
de
drogas
ilícitas
del
año
2006.
El
éxito
geopolítico
de
“la
guerra
mundial
contra
las
drogas”
A
diferencia
de
lo
que
afirman
la
mayoría
de
los
analistas
y
expertos
del
tema
que
sostienen
que
“la
guerra
mundial
contra
las
drogas”
es
un
fracaso,
creo
que
esta
guerra
es
exitosa.
Porque
es
una
guerra
geopolítica.
En
esta
afirmación
coincido
plenamente
con
Alain
Labrousse,
el
mayor
experto
europeo
sobre
el
tema,
fundador
del
desaparecido
Observatorio
Geopolítico
de
las
Drogas
(OGD),
autor
de
estudios
fundamentales
en
el
análisis
y
comprensión
del
fenómeno
y
con
quien
compartimos
experiencias
e
informaciones
el
20
de
marzo
pasado
en
una
entrevista
en
París,
Francia.
Desde
su
inicio,
el
objetivo
prioritario
de
esta
“guerra”
fue
geopolítico.
Ronald
Reagan
declaró
al
tráfico
de
drogas
como
una
“amenaza
letal”
para
la
seguridad
de
Estados
Unidos
a
través
de
una
Directiva
de
Seguridad
Nacional.A
la
caída
del
Muro
de
Berlín
la
“guerra
contra
las
drogas”
reemplazó
a la
guerra
contra
el
comunismo.
El
general
Maxwell
Thurman,
entonces
Comandante
en
Jefe
del
Comando
Sur
de
Estados
Unidos
(SOUTHCOM),
en
una
evaluación
efectuada
en
1990
sobre
“la
guerra
antidrogas”
dijo
“es
la
única
guerra
que
tenemos”.
James
Woosley,
director
de
la
CIA
en
esos
años,
dijo
también
que
el
tráfico
de
drogas
es
“virtualmente
el
único
tema
que
existe”.
Hoy
en
día,
si
bien
Estados
Unidos
tiene
otras
guerras,
pero
la
guerra
antidrogas
es
aún
muy
útil
y
funcional
a
sus
intereses
económicos
y
geopolíticos
como
en
los
casos
de
Afganistán
y
Colombia.
Luego
de
perder
su
base
militar
en
Panamá,
Washington
ha
consolidado
su
influencia
en
su
“patio
trasero”
de
América
del
Sur
a
través
de
Colombia
que
es,
de
lejos,
uno
de
los
mayores
receptores
de
la
ayuda
militar
estadounidense
en
el
mundo.
Supuestamente,
Estados
Unidos
ha
intervenido
en
Colombia
para
combatir
el
narcotráfico
y
acabar
con
las
guerrillas
de
las
FARC.
Ninguno
de
esos
objetivos
han
sido
cumplidos
pese
al
“Plan
Colombia”
y al
“Plan
Patriota”.
Todo
lo
contrario,
esta
intervención
política
y
militar
han
agravado
los
problemas
de
violencia.
De
acuerdo
a un
informe
de
Washington
Office
on
Latin
America
(WOLA)
del
1 de
mayo
de
este
año,
el
paramilitarismo
sigue
operando
pese
a la
tan
promocionada
desmovilización,
236
líderes
gremiales
han
sido
asesinados
en
los
tres
últimos
años,
existen
3.8
millones
de
desplazados
en
el
país
y la
fumigación
expande
los
sembríos
de
coca,
genera
más
pobreza,
daña
la
salud
de
los
campesinos
y
destruye
el
medio
ambiente.
No
son,
pues,
el
narcotráfico
ni
las
FARC
las
razones
de
fondo
de
la
presencia
militar
de
Estados
Unidos
en
Colombia,
sino
el
monitoreo
de
sus
intereses
geoestratégicos
en
América
del
Sur,
el
petróleo,
el
gas,
la
biodiversidad
y el
agua
de
la
cuenca
amazónica.
En
Afganistán,
la
presencia
militar
estadounidense
no
ha
podido
controlar
ni a
la
resistencia
talibán
ni
la
expansión
de
la
amapola.
Pero
las
razones
de
la
invasión
son
los
150
millones
de
barriles
de
petróleo
y
los
230
trillones
de
pies
cúbicos
del
Mar
Caspio
y el
monitoreo
estratégico
de
Irán,
China
y
Rusia.
La
geopolítica
del
presidente
García
También
el
presidente
Alan
García
está
instrumentalizando
geopolíticamente
“la
guerra
contra
las
drogas”,
con
objetivos
explícitos
y no
declarados.
Para
ello,
amenaza
bombardear
las
pozas
de
maceración
de
coca,
se
hace
otorgar
facultades
extraordinarias
por
el
Congreso
para
endurecer
las
leyes
contra
el
narcotráfico
y el
terrorismo
y
ensaya
un
discurso
racista
llamando
primitivos
y
bárbaros
a
los
cocaleros
y
sobre
los
cuales
pasará
el
estado-
dice
-
como
una
aplanadora.
Este
mensaje
áspero,
duro
y
autoritario
tiene
dos
destinatarios:
los
cocaleros
y el
movimiento
social
que
empieza
a
movilizarse
en
las
regiones,
reclamando
con
justicia
algunas
gotas
de
ese
río
de
utilidades
de
las
grandes
empresas.
Pero
el
objetivo
geopolítico
principal
es
obtener
la
bendición
en
Washington
para
la
aprobación
del
asimétrico
Acuerdo
de
Promoción
Comercial-TLC
con
Estados
Unidos
y
así
convertirse
en
el
“Caballo
de
Troya”
de
los
intereses
de
Washington
en
América
del
Sur,
aliándose
con
Álvaro
Uribe
de
Colombia
(el
Plan
Putumayo
es
un
instrumento
de
ese
proyecto)
para
aislar
a
los
gobiernos
de
Evo
Morales,
Hugo
Chávez
y
Rafael
Correa,
los
“malos
izquierdistas”,
según
la
tipología
política
de
la
Casa
Blanca.
Los
buenos
son
Lula
de
Brasil
y
Bachelet
de
Chile.
Pero
no
siempre
los
intereses
del
imperio
han
coincido
con
los
del
Perú
y,
por
tanto,
Alan
García
tiene
la
obligación
política,
económica
y
social
de
construir
una
política
de
Estado
sobre
la
coca
articulada
al
narcotráfico
antes
de
que
la
onda
expansiva
del
nuevo
ciclo
del
consumo
mundial
de
drogas
nos
ahogue
en
un
mar
de
violencia
y
corrupción.
Aún
estamos
a
tiempo,
presidente
García
Pérez.
(Fin).