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LEYENDO LAS HOJAS DE COCA
Por JOHN TIERNEY
El discurso más interesante en las Naciones Unidas
esta semana fue, lamento decirlo, el de Evo Morales
de Bolivia.
No digo que fuera un discurso bueno, ni siquiera
coherente. Eso sería mucho pedir a los gobernantes
del mundo en ese maratón de gas anual. La calidad de
la retórica es (allí) extremadamente baja. Morales,
como su amigo Hugo Chávez, gastó demasiado tiempo
desvariando sobre un nuevo orden mundial basado en
políticas económicas que han logrado tantas
maravillas en Cuba.
Pero Morales trajo al menos una ayuda visual ‹ y
gracias a Dios, no fue un libro de Noam Chomsky. A
diferencia de Chávez, no asignó tareas de lectura a
la ONU. En vez, presentó una hojita verde de coca y,
cuando habló de políticas internacionales sobre
drogas, habló con mayor lógica que cualquiera que
trabaje parea el gobierno de Estados Unidos.
(USA) ha sacrificado la vida de soldados y gastado
miles de millones de dólares tratando de impedir que
los campesinos cultiven coca en los Andes y opio en
Afganistán y en otros países. Pero esas cosechas
continúan aumentando y en Estados Unidos el precio
en la calle de la cocaína y la heroína ha bajado
mucho durante las ultimas dos décadas.
Entretanto, (los norteamericanos) hemos estado
ayudando a terroristas y a otros enemigos en el
exterior. El Senado ha aprobado el envío de más
dinero para programas destinados a reprimir a los
cultivadores de opio, cuyo descontento es explotado
por un resurgente Taliban. En los Andes, la política
norteamericana sobre drogas enfureció tanto a los
bolivianos que eligieron a Morales, un ex dirigente
de los cultivadores de coca que hizo su campaña para
la presidencia sobre la retórica anti-norteamericana
que repitió esta semana.
Denunció ante la ONU "la colonización de los pueblos
de los Andes" por un intento imperialista de
criminalizar la coca. "Se ha demostrado que la hoja
de coca no daña al ser humano", dijo, una
declaración que se acerca mucho más a la verdad que
la opinión de Washington sobre esas hojas. El polvo
blanco que se vende en las calles norteamericanas es
peligroso porque es una
forma muy concentrada de la cocaína , pero cualquier
otra substancia puede ser peligrosa en dosis
suficientemente altas.
Los sudamericanos acostumbran beber te de coca y
mascar hojas de coca. La ínfima cantidad de cocaína
de cada hoja es un leve estimulante y supresor del
apetito que es menos amenazadora que el café y las
colas; de hecho, puede ser menos adictiva que la
cafeína, y en buena cuenta puede hasta ser buena
para usted y yo. Cuando la Organización Mundial de
la Salud pidió a los científicos que investigaran el
te de coca durante los 1990¹s, dijeron
que no parecía ser causa de problemas de salud y
podría dar resultados beneficiosos para la salud.
Pero los funcionarios norteamericanos combatieron la
publicación de ese informe y la reducción de las
restricciones contra los productos de coca, del modo
en que resistieron contra las propuestas de permitir
que los cultivadores afganos vendieran opio a las
empresas farmacéuticas en lugar de venderlo a los
narcotraficantes aliados con el Taliban. La política
norteamericana es continuar atacando los cultivos
aunque ello empobrece a los campesinos o, lo más
típico, les hace delincuentes.
La prohibición contra las drogas en Bolivia y
Afganistán ha hecho exactamente lo mismo que hizo la
prohibición del alcohol en Estados Unidos: ha
financiado el crimen organizado.
La única solución efectiva es el rechazo de esa
prohibición. Dar a los cultivadores afganos de opio
una oportunidad de venderlo para que se lo use como
medicinas contra el dolor; dar a los campesinos de
los Andes un mercado internacional legal para sus
cosechas y productos como la goma de mascar,
pastillas, jabones, tés y otras bebidas. Como
propone Ethan Nadelmann, de la
Drug Policy Alliance, "Poner otra vez la coca en la
Coca-Cola."
Es lo que quiere también Morales, y tiene razón
cuando se queja contra los imperialistas
norteamericanos que criminalizan una substancia que
ha sido usada durante siglos en los Andes. Si los
gringos abusan de un producto hecho de hojas de
coca, ese es un problema que Estados Unidos debe
solucionar dentro de su casa. El modo más efectivo
en cuanto a costo son los
programas de tratamiento contra las drogas, no esos
esfuerzos inútiles de recortar la oferta.
Norteamérica hace muchas cosas que son malas para la
salud de otros pueblos, como los grasosos Big Macs,
la Coca Cola y sus azúcares, los letales Marlboros,
pero nunca ha permitido que los extranjeros nos
digan lo que debemos hacer o no hacer. Los sauditas
pueden combatir el alcoholismo prohibiendo la venta
del Jack Daniels, pero diríamos que están locos si
nos ordenaran acabar con nuestras plantaciones de
cebada en el estado de Tennessee.
Estarían más locos aún si trataran de destruir todas
las plantaciones de cebada del mundo, pero eso es lo
que intenta hacer nuestra política sobre las drogas.
Creemos que podemos resolver nuestro problema con la
cocaína al acabar con la hoja de coca, pero todo lo
que hacemos es dar más poder a demagogos (un gringo
escribe esto, recuérdelo usted) como Evo Morales.
Nuestros guerreros de las drogas le dieron ese
poder. Por eso puede ahora decir lo que dice al
mundo.
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