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Coincido con Theo Ronchen,
que dice:
"Los pueblos del mundo
requieren soluciones
eficaces y no violentas
para los problemas
relacionados a las drogas.
Con urgencia, la población
de Bolivia y toda América
Latina requiere también
encontrar formas para
defender su soberanía y
hacer respetar sus derechos
humanos. Es poco probable
que una política de cero
cocaína pueda apoyar esa
tarea".
Satanizar la cocaína y
continuar la persecución de
la marihuana (hay noticias
sobre la erradicación de
plantaciones en Asunta)no es
la mejor manera de librar a
Bolivia de las negras
consecuencias de la "guerra
a las drogas": hipocresía,
corrupción y violencia Por
eso creo que sería
conveniente para Evo apostar
por una revolución pacífica
antiprohibicionista.
Bastaría asumir para ello,
desde el inicio, el discurso
de la denuncia del estigma
que pesa oficialmente sobre
el coqueo andino, como
"toxicomanía" o "farmacodependencia"
en el lenguaje oficial
psiquiátrico de la OMS. Es
un problema de dignidad y en
dignidad no se transa. Para
algo están los derechos
humanos
Por lo dicho insisto: tiene
importancia y actualidad
tomar en consideración el
origen de la condena del
coqueo, bastante olvidado en
Bolivia, incluso por Mario
Argandoña, en lugar de
solicitar un retiro
intempestivo de la lista 1
de las Convenciones sin
razones fundadas que puedan
exhibirse ante la opinión
pública.
Debo recordar que mucho
antes de gestarse el informe
OMS/UNICRI
95, en el que pretendería
apoyarse exclusivamente
Bolivia, se había
reestablecido el prestigio,
medicinal y nutricional de
la coca a nivel
interamericano por obra del
movimiento antropológico del
cual formé parte y se
manifestó en América
Indígena 4 de 1978.
Creo por ello injustificada
toda postergación de la
denuncia que hizo posible la
revalorización de la coca,
esta vez mediante la
notificación al Secretario
General de las Naciones
Unidas que establece la
Convención Única, exigiendo
la revisión y nulidad del
fallo del Comité de Expertos
de la OMS y exponiendo la
necesidad de poner la
información científica al
día
No será por falta de
fundados motivos que se
postergue. En un informe
concluyente sobre el fallo
del Comité de Expertos en
Drogas
Susceptibles de Engendrar
Toxicomanía (hoy
Farmacodependencia) de la
Organización Mundial de la
Salud, que hace medio siglo
determinó que el coqueo
andino, acullico o pijchado
"debe ser" considerado como
una de ellas, el doctor
Fernando Cabieses, como
Presidente del Instituto de
Medicina Tradicional(INMETRA)
del Ministerio de Salud y
yo, como Asesor entonces de
la Empresa Nacional de la
Coca, sostuvimos en 1993,
luego de revisar las
evidencias: "Desvirtuado el
fundamento del fallo del
Comité de Expertos de la
OMS, reclama todo su valor
la información médica
existente sobre la coca y su
valor terapéutico, así como
sobre su valor nutricional.
Sólo cabe recomendar, como
resultado de la sucinta
información
Registrada en este informe,
que el Despacho de Salud
asuma la responsabilidad de
la revaloración nutricional
y medicinal de la coca,
gestionando los cambios
necesarios en el
ordenamiento legal."
Finalizamos indicando:
"respecto a la condición
internacional de nuestra
coca, sólo cabe señalar que
existen procedimientos
formales para solicitar la
reconsideración del fallo
del Comité de Expertos, cuya
naturaleza ha sido objeto
del presente análisis".
Lamentablemente ni el propio
Ministerio de Salud tomó en
cuenta el informe. Mucho
menos el Ministerio de
Relaciones Exteriores. Al
depender de un convenio
internacional cualquier
cambio, exigía el respaldo
Presidencial que llegó
recién en 1994 con la
Declaración de Ilo en la
que, asumiéndose la
revalorización de la coca se
interpuso, antes de la
gestión indicada por la
propia Convención Única, la
necesidad de una estrategia
conjunta" orientada al
retiro de la hoja de coca de
la Lista 1 de la Convención
Única.
En un excelente artículo de
Andrew Weil, publicado en
The New
Yorker (May 15, 1995) se
marcaba ya la distancia que
he mantenido con Hugo
Cabieses y con quienes,
debido a su asesoría,
insisten en pensar que son
necesarias más pruebas.
Mientras que él proponía
realizar una conferencia
científica para "recopilar
información", para mí la
información existente
entonces bastaba para la
denuncia y sigo
considerándola irrebatible.
Más aún cuando se puede
sumar el informe OMS/Unicri
95, aunque no sea lo
esencial como se quisiera
plantear para la revisión
del fallo de "toxicomanía"
que lamentablemente el
informe mencionado no
confronta.
Recientemente, a propósito
de las posibilidades
abiertas por la Presidencia
de Evo Morales, se ha
planteado la misma
disyuntiva que en Ilo, 1994:
Apoyarse en la información
existente para llevar
formalmente el caso al
Secretariado de las Naciones
Unidas dando origen al
ineludible proceso de
revisión del fallo del
Comité de Expertos de la
OMS(reiterado en 1992 en su
28o.Informe técnico), o
considerar la necesidad de
una estrategia que
implicaría una recopilación
enciclopédica de toda la
información sobre la coca,
desde botánica a médica.
Este planteamiento prosigue
en el desconocimiento
aparente del origen de la
condena, palpable en el
Informe de la Comisisón de
las Naciones Unidas de 1950.
No creo yo tampoco que la
mejor propuesta sea coca sí,
cocaína no, lema que mal
orientó al movimiento
cocalero boliviano y se ha
convertido en política de
Estado. Como derivado de la
coca, la cocaína debe ser a
su vez reconsiderada, puesto
que, de acuerdo al actual
conocimiento podría ampliar
enormemente su presencia en
preparados farmacéuticos que
ya existieron, antes de
imponerse el punto de vista
estrictamente psiquiátrico
que inició su prédica de las
"adiccciones"
Al revisarse la condena del
coqueo andino habrá de
revisarse, igualmente la
situación de la cocaína que,
cabe reiterar, sobrevive en
la farmacéutica y podría
reclamar ampliar su
presencia en ella. El
Infrome OMS/UNICRI 95
también apoyaría su
recuperación farmacéutica.
Reitero una vez más que
frente a la "guerra a las
drogas", con sus nefastas
consecuencias, el caso de la
hoja de coca es providencial
y el Gobierno de Bolivia
debiera aprovecharlo, pues
el proceso kafkiano que se
llevó contra ella está
perfectamente documentado y,
por analogía, su revisión
podría fundamentar la
defensa de otras plantas
medicinales(amapola, cáñamo)
del sistema nervioso que han
sido condenadas por la
psiquiatría académica sin
dejar tan claramente
documentada su huella.
En cualquier caso por la
antigüedad en el tema que
reconoce el mismo Hugo
Cabiesed, creo negativa toda
postergación de la denuncia
de un estigma que pesa sobre
la saludable costumbre
andina a la cual agradezco
mi persistencia en su
incondicional defensa.
Tal como adelanté el 18 de
enero en Perú 21(Lima),
espero que Evo no postergue
la denuncia, boliviana al
menos, de la estigmatización
del coqueo andino. Motivos
fundados se han tenido
siempre para hacerla, sin
necesidad de una
actualización científica.
Por otro lado la presencia
de una hoja de marihuana en
la luz
verde de diez de los
semáforos principales de La
Paz hace presente la
necesaria revisión
simultánea, al menos en
nuestros países andinos, de
la condición de la
marihuana. Son decisiones
que debieran depender de
nuestras propias instancias
de salud, sin dejarnos
impresionar por la versión
psiquiátrica que maneja el
sistema que estigmatiza su
uso como "adicción" o
"dependencia".
Hablar de "drogas" en
general -por ello- debiera
borrarse de nuestra habla.
Hoy, oficialmente, tales son
consideradas igualmente las
plantas. Una reforma de las
leyes debiera distinguir
claramente la diferencia.
Por último, para reclamar
por el indebido tratamiento
y la estigmatización de
nosotros, los coqueros
andinos, como
"drogadictos" no hace falta
, aparte de la necesaria
crítica de la versión
psiquiátrica ya existente
(que no me explico omitan
muchos defensores), otra
información que la médica
acumulada desde el notable
ensayo de Hipólito Unanue
publicado en el Mercurio
Peruano(1794) hasta nuestros
días, desde Andrew Weil
(1972,1981)en adelante.
Me gustaría saber qué
piensan sobre esta vaga aún
recuperación regional de
nuestro gran recursos
agrícola.
Baldomero Cáceres
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