CAMPAÑA COCA Y SOBERANÍA

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SOBRE LA URGENCIA DE QUE EVO MORALES DENUNCIE A LA CONVENCIÓN DE VIENA Y EXIJA LA ACTUALIZACIÓN DEL INFORME DE 1952 DE LA OMS QUE TIPIFICA AL COQUEO ANDINO COMO FARMACODEPENDENCIA

Coincido con Theo Ronchen, que dice:
"Los pueblos del mundo requieren soluciones eficaces y no violentas
para los problemas relacionados a las drogas. Con urgencia, la población de Bolivia y toda América Latina requiere también encontrar formas para defender su soberanía y hacer respetar sus derechos humanos. Es poco probable que una política de cero cocaína pueda apoyar esa tarea".
Satanizar la cocaína y continuar la persecución de la marihuana (hay noticias sobre la erradicación de plantaciones en Asunta)no es la mejor manera de librar a Bolivia de las negras consecuencias de la "guerra a las drogas": hipocresía, corrupción y violencia Por eso creo que sería conveniente para Evo apostar por una revolución pacífica antiprohibicionista. Bastaría asumir para ello, desde el inicio, el discurso de la denuncia del estigma que pesa oficialmente sobre el coqueo andino, como "toxicomanía" o "farmacodependencia" en el lenguaje oficial psiquiátrico de la OMS. Es un problema de dignidad y en dignidad no se transa. Para algo están los derechos humanos
Por lo dicho insisto: tiene importancia y actualidad tomar en consideración el origen de la condena del coqueo, bastante olvidado en
Bolivia, incluso por Mario Argandoña, en lugar de solicitar un retiro intempestivo de la lista 1 de las Convenciones sin razones fundadas que puedan exhibirse ante la opinión pública.
Debo recordar que mucho antes de gestarse el informe OMS/UNICRI
95, en el que pretendería apoyarse exclusivamente Bolivia, se había reestablecido el prestigio, medicinal y nutricional de la coca a nivel interamericano por obra del movimiento antropológico del cual formé parte y se manifestó en América Indígena 4 de 1978.
Creo por ello injustificada toda postergación de la denuncia que hizo posible la revalorización de la coca, esta vez mediante la notificación al Secretario General de las Naciones Unidas que establece la Convención Única, exigiendo la revisión y nulidad del fallo del Comité de Expertos de la OMS y exponiendo la necesidad de poner la información científica al día
No será por falta de fundados motivos que se postergue. En un informe concluyente sobre el fallo del Comité de Expertos en Drogas
Susceptibles de Engendrar Toxicomanía (hoy Farmacodependencia) de la Organización Mundial de la Salud, que hace medio siglo determinó que el coqueo andino, acullico o pijchado "debe ser" considerado como una de ellas, el doctor Fernando Cabieses, como Presidente del Instituto de Medicina Tradicional(INMETRA) del Ministerio de Salud y yo, como Asesor entonces de la Empresa Nacional de la Coca, sostuvimos en 1993, luego de revisar las evidencias: "Desvirtuado el fundamento del fallo del Comité de Expertos de la OMS, reclama todo su valor la información médica existente sobre la coca y su valor terapéutico, así como sobre su valor nutricional.
Sólo cabe recomendar, como resultado de la sucinta información
Registrada en este informe, que el Despacho de Salud asuma la responsabilidad de la revaloración nutricional y medicinal de la coca, gestionando los cambios necesarios en el ordenamiento legal."
Finalizamos indicando: "respecto a la condición internacional de nuestra coca, sólo cabe señalar que existen procedimientos formales para solicitar la reconsideración del fallo del Comité de Expertos, cuya naturaleza ha sido objeto del presente análisis".
Lamentablemente ni el propio Ministerio de Salud tomó en cuenta el informe. Mucho menos el Ministerio de Relaciones Exteriores. Al depender de un convenio internacional cualquier cambio, exigía el respaldo Presidencial que llegó recién en 1994 con la Declaración de Ilo en la que, asumiéndose la revalorización de la coca se interpuso, antes de la gestión indicada por la propia Convención Única, la necesidad de una estrategia conjunta" orientada al retiro de la hoja de coca de la Lista 1 de la Convención Única.
En un excelente artículo de Andrew Weil, publicado en The New
Yorker (May 15, 1995) se marcaba ya la distancia que he mantenido con Hugo Cabieses y con quienes, debido a su asesoría, insisten en pensar que son necesarias más pruebas. Mientras que él proponía realizar una conferencia científica para "recopilar información", para mí la información existente entonces bastaba para la denuncia y sigo considerándola irrebatible. Más aún cuando se puede sumar el informe OMS/Unicri 95, aunque no sea lo esencial como se quisiera plantear para la revisión del fallo de "toxicomanía" que lamentablemente el informe mencionado no confronta.
Recientemente, a propósito de las posibilidades abiertas por la Presidencia de Evo Morales, se ha planteado la misma disyuntiva que en Ilo, 1994: Apoyarse en la información existente para llevar formalmente el caso al Secretariado de las Naciones Unidas dando origen al ineludible proceso de revisión del fallo del Comité de Expertos de la OMS(reiterado en 1992 en su
28o.Informe técnico), o considerar la necesidad de una estrategia que implicaría una recopilación enciclopédica de toda la información sobre la coca, desde botánica a médica. Este planteamiento prosigue en el desconocimiento aparente del origen de la condena, palpable en el Informe de la Comisisón de las Naciones Unidas de 1950.
No creo yo tampoco que la mejor propuesta sea coca sí, cocaína no, lema que mal orientó al movimiento cocalero boliviano y se ha convertido en política de Estado. Como derivado de la coca, la cocaína debe ser a su vez reconsiderada, puesto que, de acuerdo al actual conocimiento podría ampliar enormemente su presencia en preparados farmacéuticos que ya existieron, antes de imponerse el punto de vista estrictamente psiquiátrico que inició su prédica de las "adiccciones"
Al revisarse la condena del coqueo andino habrá de revisarse, igualmente la situación de la cocaína que, cabe reiterar, sobrevive en la farmacéutica y podría reclamar ampliar su presencia en ella. El Infrome OMS/UNICRI 95 también apoyaría su recuperación farmacéutica.
Reitero una vez más que frente a la "guerra a las drogas", con sus nefastas consecuencias, el caso de la hoja de coca es providencial y el Gobierno de Bolivia debiera aprovecharlo, pues el proceso kafkiano que se llevó contra ella está perfectamente documentado y, por analogía, su revisión podría fundamentar la defensa de otras plantas medicinales(amapola, cáñamo) del sistema nervioso que han sido condenadas por la psiquiatría académica sin dejar tan claramente documentada su huella.
En cualquier caso por la antigüedad en el tema que reconoce el mismo Hugo Cabiesed, creo negativa toda postergación de la denuncia de un estigma que pesa sobre la saludable costumbre andina a la cual agradezco mi persistencia en su incondicional defensa.
Tal como adelanté el 18 de enero en Perú 21(Lima), espero que Evo no postergue la denuncia, boliviana al menos, de la estigmatización del coqueo andino. Motivos fundados se han tenido siempre para hacerla, sin necesidad de una actualización científica.
Por otro lado la presencia de una hoja de marihuana en la luz
verde de diez de los semáforos principales de La Paz hace presente la necesaria revisión simultánea, al menos en nuestros países andinos, de la condición de la marihuana. Son decisiones que debieran depender de nuestras propias instancias de salud, sin dejarnos impresionar por la versión psiquiátrica que maneja el sistema que estigmatiza su uso como "adicción" o "dependencia".
Hablar de "drogas" en general -por ello- debiera borrarse de nuestra habla. Hoy, oficialmente, tales son consideradas igualmente las plantas. Una reforma de las leyes debiera distinguir claramente la diferencia.
Por último, para reclamar por el indebido tratamiento y la estigmatización de nosotros, los coqueros andinos, como
"drogadictos" no hace falta , aparte de la necesaria crítica de la versión psiquiátrica ya existente (que no me explico omitan muchos defensores), otra información que la médica acumulada desde el notable ensayo de Hipólito Unanue publicado en el Mercurio Peruano(1794) hasta nuestros días, desde Andrew Weil (1972,1981)en adelante.
Me gustaría saber qué piensan sobre esta vaga aún recuperación regional de nuestro gran recursos agrícola.
Baldomero Cáceres

  

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