Bogotá / La
colombiana Milena Bonilla había sido invitada a
exponer "Consumo legal" en
Nueva York
Una
pintora no podrá exhibir su obra hecha sobre
hojas de coca
Para Estados Unidos, la importación del arbusto
es un delito grave y se paga con la cárcel.
Será improbable ver el arte de Milena Bonilla
expuesto en una galería de Nueva York, pues
montar una de sus instalaciones en Estados
Unidos podría enviar a prisión a esta artista
bogotana de 30 años.
Eso es porque en vez de óleo sobre tela, su
medio preferido para pintar son las hojas de
coca, el ingrediente base de la cocaína.
La importación de las hojas de coca es un delito
grave en países como Estados Unidos, salvo la
excepciones en que se lo hace para
investigaciones médicas.
El arbusto, que Bonilla plantó en 12 envases
plásticos de dos litros de Coca-Cola cortados
por encima de la etiqueta, es transformado por
un grupo de artistas que quieren arrancar la
herencia milenaria de la coca y su encanto
estético de las fauces de la guerra contra las
drogas.
Pero el principal blanco del denominado "coca
arte" puede ser el presidente colombiano Alvaro
Uribe, quien se ha convertido en el máximo
erradicador de la planta como responsable de los
4.000 millones de dólares que Estados Unidos
aporta desde el 2000 para combatir las drogas.
Al tiempo que recrudece el sentimiento anti-estadounidense,
numerosos líderes de la izquierda en los Andes
han exaltado las virtudes de la hoja aún cuando
el conservador Uribe _un aliado acérrimo de
Washington en la región_ se ha comprometido con
su aniquilación.
Cuando la secretaria de Estado estadounidense
Condoleezza Rice se encontró en Chile con el
presidente boliviano Evo Morales, el ex cocalero
le obsequió un charango decorado con hojas de
coca barnizadas.
Para evitar problemas en las aduanas, la
diplomática dejó atrás el regalo.
El presidente peruano Alvaro García sugirió a un
grupo de periodistas que las hojas ricas en
calcio saben delicioso en ensalada.
La muestra de Bonilla, "Consumo legal", fue
invitada a participar el año pasado en 40mo
Salón Nacional de Artistas, un escaparate de los
artistas más innovadores.
La artista describe su obra como una meditación
de las hipocresías del mercado que explota
comercialmente una planta que en la mayoría de
los países está prohibida en su forma natural.
"La peor parte es que en su forma artificial,
utilizada en una azucarada bebida gaseosa, la
coca acarrea un montón de riesgos a la salud y
ninguno de los beneficios médicos a los que
tradicionalmente se asocia la planta", se quejó
Bonilla, quien no toma Coca-Cola desde hace mas
de 10 años.
A través de los Andes, la planta ha sido
masticada como un supresor del hambre y
estimulante por milenios y su cultivo en
pequeñas cantidades aún es permitido en Colombia
para propósitos medicinales y ceremoniales.
VER MAS AQUI:
http://www.azcentral.com/lavoz/spanish/latin-america/articles/latin-america_184611.html
http://www.lapalmainteractivo.com/hp/content/gen/ap/America_Latina/REP_ESP_COLOMBIA_ARTE_COCA.html
Artistas
colombianos rescatan herencia de coca
Por
JOSHUA GOODMAN
BOGOTA — Será improbable ver el arte de Milena
Bonilla expuesto en una galería de Nueva York,
pues montar una de sus instalaciones en Estados
Unidos podría enviar a prisión a esta artista
bogotana de 30 años.
Eso es porque en vez de óleo sobre tela, su
medio preferido para pintar son las hojas de
coca, el ingrediente base de la cocaína.
La importación de las hojas de coca es un delito
grave en países como Estados Unidos, salvo la
excepciones en que se lo hace para
investigaciones médicas.
El arbusto, que Bonilla plantó en 12 envases
plásticos de dos litros de Coca-Cola cortados
por encima de la etiqueta, es transformado por
un grupo de artistas que quieren arrancar la
herencia milenaria de la coca y su encanto
estético de las fauces de la guerra contra las
drogas.
Pero el principal blanco del denominado "coca
arte" puede ser el presidente colombiano Alvaro
Uribe, quien se ha convertido en el máximo
erradicador de la planta como responsable de los
4.000 millones de dólares que Estados Unidos
aporta desde el 2000 para combatir las drogas.
Al tiempo que recrudece el sentimiento anti-estadounidense,
numerosos líderes izquierdistas en los Andes han
exaltado las virtudes de la hoja aún cuando el
conservador Uribe _un aliado acérrimo de
Washington en la región_ se ha comprometido con
su aniquilación.
Cuando la secretaria de Estado estadounidense
Condoleezza Rice se encontró en Chile con el
presidente boliviano Evo Morales, el ex cocalero
le obsequió un charango decorado con hojas de
coca barnizadas. Para evitar problemas en las
aduanas, la diplomática dejó atrás el regalo.
El presidente peruano Alvaro García sugirió a un
gurpo de periodistas que las hojas ricas en
calcio saben delicioso en ensalada.
La muestra de Bonilla, "Consumo legal", fue
invitada a participar el año pasado en 40mo
Salón Nacional de Artistas, un escaparate de los
artistas más innovadores.
La artista describe su obra como una meditación
de las hipocresías del mercado que explota
comercialmente una planta que en la mayoría de
los países está prohibida en su forma natural.
"La peor parte es que en su forma artificial,
utilizada en una azucarada bebida gaseosa, la
coca acarrea un montón de riesgos a la salud y
ninguno de los beneficios médicos a los que
tradicionalmente se asocia la planta", se quejó
Bonilla, quien no toma Coca-Cola desde hace mas
de 10 años.
A través de los Andes, la planta ha sido
masticada como un supresor del hambre y
estimulante por milenios y su cultivo en
pequeñas cantidades aún es permitido en Colombia
para propósitos medicinales y ceremoniales.
Pero bajo el gobierno de Uribe, el hábitat de la
planta está bajo constante asedio de aviones
fumigadores estadounidenses que erradicaron con
medios químicos un récord de 181.000 hectáreas
de la planta el año pasado, un 31% más que en el
2005, que también fue un récord.
En una parodia a su agresiva campaña, Wilson
Díaz exhibió "Uribe: el erradicador", un dibujo
del presidente arqueado arrancando una planta de
coca con sus manos, como parte de una exhibición
de fotos que documentan los numerosos lugares en
donde la coca puede encontrarse en su nativa
Cali.
El artista mostró desde cercos decorativos en
jardines exclusivos hasta matas silvestres que
crecen afuera de unas barracas militares.
El propósito es "deconstruir nuestro
entendimiento de la delgada línea entre lo legal
y lo ilegal", explicó Díaz.
El artista, de 43 años, personalmente se opone a
la legalización de las drogas, como secuela de
su formación en la sureña ciudad de dos millones
de habitantes que sufrió mucha de la violencia
de los carteles a finales de las décadas de los
80 y 90. Pero por su impresionante valor, la
coca no tiene rival en cuanto su pervertido
simbolismo.
Desde 1996, Díaz ha intentado todo. Desde
regalarles semillas de coca a confiados
horticultores en Liverpool, Inglaterra, hasta
filmar una actuación en la que replica el viaje
de una "mula" tragándose 30 semillas de coca y
luego embarcarse en un vuelo y defecar las
semillas en suelo extranjero.
En el 2004, el foro virtual neoyorquino sobre
arte e-flux, publicó un aporte de Díaz al "Libro
de recetas del Anarquista", que fuera un manual
para fabricar bombas artesanales de lectura
obligada en el movimiento antibélico de la
década de 1970. "¿Cómo obtener un kilogramo de
cocaína de alta calidad en 20 pasos?" es un
preciso y en última instancia poco práctico
instructivo para fabricar el narcótico en casa a
partir de 680 kilogramos de hojas de coca.
"Hasta ahora, no conozco a nadie que lo haya
intentado", dijo Díaz.
Como Díaz y Bonilla, la obra de Miguel Angel
Rojas está basada menos en teoría del arte y más
en su experiencia personal. El artista de 61
años, cuyo medio de trabajo es ampliamente
conocido en el exterior, apenas escapó de una
adicción a las drogas que mató a muchos de sus
mejores amigos en el temerario mundo del arte
colombiano de los 80.
En 1999, utilizó confeti de coca para recrear el
título de la emblemática obra de arte pop de
Richard Hamilton de 1956 "¿Qué hace que los
hogares de hoy sean tan diferentes, tan
atractivos?".
La responsabilidad compartida entre los
productores y consumidores de la violencia
impulsada por las drogas es el tema de su más
reciente trabajo, un díptico que pone en relieve
los mundos de Nueva York y Medellín, el primero
compuesto de puntos de confeti de billetes de
dólar y el segundo con hojas de coca.
La odisea que Rojas tuvo que pasar para exhibir
su obra en mayo en la galería Sicardi de
Houston, Texas, en donde se vendió por 4.000
dólares, es comparable con el estigma de la
droga que cualquier colombiano enfrenta al
viajar fuera de su país. Retenidos por días por
oficiales aduaneros estadounidenses, cuatro de
sus cuadros fueron regresados horas antes de la
apertura de la muestra, llenos de agujeros de
los que sacaron muestras. Ironicamente, las
autoridades no detectaron la coca cuando estaba
a su vista.
"La razón por la que trabajo con coca no tiene
nada de romántico. Quiero mostrarle al mundo la
violencia que los colombianos enfrentamos a
diario como resultado de sus drogas", manifestó.
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