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Una ONG con presencia
mundial pedirá en la cumbre
de Viena que la ONU deje de
considerar "peligrosa" la
hoja de coca. El presidente
Evo Morales recurrirá a la
ONU por la hoja de coca.
Por Pedro Lipcovich
"Esta es la oportunidad de
reparar el error histórico
de que la hoja de coca forme
parte de las sustancias
prohibidas por las Naciones
Unidas": lo afirma un
documento del Programa
Drogas y Democracia del
Transnational Institute –ONG
vinculada con la política de
"reducción de daños" en
drogadicción–, que se dará a
conocer oficialmente mañana,
aprovechando la cumbre de
gobiernos de Europa y
América latina en Viena. El
propósito es contribuir a
crear una "masa crítica" en
la opinión pública, para
apoyar el proyecto de
revisión que el gobierno
boliviano presentará ante la
ONU.
El extenso trabajo señala
que un informe de la OMS
–cajoneado por presión de
Estados Unidos– encontró
"funciones terapéuticas,
sagradas y sociales
positivas" en la hoja de
coca, y recuerda que la
"política de erradicación"
condujo "al asesinato de
numerosos campesinos". En
especial, destaca que la
prohibición impide
desarrollar y difundir
posibilidades de consumo no
nocivo de esta sustancia,
como el "mambe", preparación
utilizada en zonas de
Brasil, Colombia y Perú. Los
preparados a base de hoja de
coca podrían ayudar a
"reeducar" a personas que
abusan de la cocaína,
ayudándolas a orientarse
hacia consumos no
perjudiciales.
La hoja de coca está
clasificada en la Lista I de
la Convención Unica de
Estupefacientes de 1961,
reservada para los de máxima
peligrosidad. Esto "ha hecho
desaparecer paulatinamente
de la conciencia pública la
diferencia entre la hoja y
su derivado cocaína",
observa el documento
titulado "Opciones legales
para la hoja de coca" del
Programa Drogas y
Democracia, con sede en
Holanda.
Entre 1991 y 1995, la
Organización Mundial de la
Salud efectuó el mayor
estudio sobre la hoja de
coca y sus derivados;
participaron 45
investigadores, entre ellos
profesores de cinco
universidades de Estados
Unidos. La investigación no
detectó ningún efecto
perjudicial del uso
tradicional de la coca y le
reconoció "funciones
terapéuticas, sagradas y
sociales positivas". Según
sus conclusiones, "si bien
cabe la posibilidad de que
el uso de la hoja de coca
pueda estar vinculado con
problemas de salud no
detectados hasta el momento,
es improbable", y "la OMS
debería investigar si los
beneficios terapéuticos de
la hoja de coca son
trasladables de los
contextos tradicionales a
otros países y culturas".
Pero Estados Unidos amenazó
con suspender sus aportes
financieros si la OMS
admitía las conclusiones del
estudio, que jamás llegó a
ser publicado.
La desestimación de ese
estudio "tuvo consecuencias
funestas para los países
andinos –según el documento
del Transnational Institute–.
En Bolivia, la política de
erradicación llevó al
asesinato de decenas de
campesinos, innumerables
heridos y presos todavía a
la espera de proceso".
Actualmente, "el régimen de
control a la coca sobrepasa
de lejos al que se aplica a
varias plantas psicoactivas,
muchas de ellas más
propicias a alterar la
conciencia, como el
kava-kava o el kratom;
tampoco se prohíben la
efedra, siendo que la
efedrina es materia prima de
un inmenso mercado de
anfetaminas, ni el árbol de
sasafrás, de cuya corteza se
extrae el safrole, materia
prima del éxtasis". Ese
régimen expresaría "la
injusticia con que la coca
ha sido tratada por la
cultura dominante", que a su
vez ha sido "fruto de dos
errores: confundir los
efectos de la coca con los
de la cocaína y asimilar
ambos al modelo de
dependencia de los opiáceos.
Por sus efectos, la hoja de
coca se ubica en una
categoría similar a la de
los estimulantes vegetales
basados en cafeína, como el
café, el té y la yerba
mate".
En realidad, la Convención
de Estupefacientes de 1961
incluye "una excepción con
nombre propio –según la
califica el documento–:
permitió la continuidad de
la fabricación de la
Coca-Cola a través del
suministro de hojas de coca
‘descocainizada’ como agente
saborizante". No suele
difundirse el dato de que la
famosa bebida sigue
elaborándose a partir de
hojas de coca, con la
particularidad de que la
cocaína ha sido retirada y
reemplazada por cafeína.
Volviendo al eje del informe
del Programa, "el retiro de
la hoja de coca de la Lista
I de Estupefacientes de la
ONU implicaría la
revalorización de su uso
tradicional y permitiría
realizar nuevos estudios y
desempolvar los existentes
sobre sus posibilidades
industriales benéficas".
Para esto, la clave está en
"no repetir el error
histórico de aislar la
cocaína. La coca debe
consumirse en su forma
natural, y la
industrialización no debe
consistir en su
transformación química sino
en su procesamiento para
hacerla almacenable,
aceptable para las personas
que no saben o no quieren
coquear y, sobre todo, más
efectiva en términos de
absorción". Pero, ¿para qué
serviría propiciar de este
modo el consumo de coca?:
"Uno de los objetivos es la
reeducación de la actual
demanda de cocaína". De este
modo, "la valoración de las
enseñanzas ancestrales de la
coca, que implica el
reconocimiento de una
subjetividad ajena, podría
ayudar a sustituir los usos
más problemáticos de sus
derivados" y la hoja de coca
se volvería "herramienta de
reducción de daños".
En marzo pasado, en la
reunión de la Comisión de
Estupefacientes que tuvo
lugar en Viena, la
delegación boliviana
anticipó su intención de
pedir que se reconsidere la
inclusión de la hoja de coca
entre las sustancias más
perseguidas. Se prevé que el
gobierno de Evo Morales
solicitará oficialmente a la
ONU el retiro de la hoja de
coca de la Lista I.
El documento del Programa
Drogas y Democracia (cuya
versión en español se puede
obtener en www.tni.org) se
presentará oficialmente en
el encuentro de movimientos
y organizaciones de la
sociedad civil Enlazando
Alternativas, que se
desarrolla en forma paralela
a la cumbre de jefes de
Estado de América latina, el
Caribe y la Unión Europea
iniciada ayer en Viena. Pien
Metaal, coordinadora del
informe, señaló a Página/12
que el documento "procura
crear una masa crítica de
opinión en los países
europeos, para que prospere
la revisión que impulsa Evo
Morales".
El "mambe", la alternativa
Mambe, en las fronteras de
Colombia y Perú, ypadú en
Brasil, son los nombres de
un proceso de transformación
de la hoja de coca
desarrollado por las
culturas selváticas de la
zona: consiste en el tostado
de la hoja, su pulverización
y mezcla con una ceniza
alcalina: el resultado es un
polvo muy fino, "de fácil
manejo y rápida absorción",
comenta el informe del
Programa Drogas y
Democracia. Este
procedimiento debe
diferenciarse radicalmente
del que conduce a la
elaboración del clorhidrato
de cocaína, ya que, en el
caso del mambe, en lugar de
generarse altísimas
concentraciones del
principio activo, se
preservan las propiedades y
concentraciones de la hoja
de coca, sólo que se
facilita un consumo
accesible "a personas a
quienes les molesta el
laborioso coqueo de hojas
enteras".
Según el informe, "el ypadú
podría perfilarse como
alternativa a la cocaína
refinada, que, a pesar de
todas las intervenciones
represivas, se ha
transformado en un commodity
de consumo masivo en grandes
extensiones del planeta".
Sería "ofrecerle al
consumidor una forma sana y
eficiente de absorber las
propiedades de la coca" y
"serviría para lograr lo que
ningún gobierno ha
conseguido: reeducar la
demanda de cocaína y, de
paso, devolverle a la coca
su justa eminencia como
planta maestra ancestral".
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