Presidente
Morales
recomienda
impulsar
la
industrialización
de
la
coca
en
el
país
Por
Miguel
Ángel
Cárdenas
 |
|
Actualidad Étnica, Perú, 01/06/2007. Teobaldo Llosa es el psiquiatra que más ha estudiado y defendido las bondades medicinales de la hoja de coca, tanto que la ha aplicado en el tratamiento contra la adicción al clorhidrato de cocaína y a la pasta básica. Todos sus estudios son citados en el extranjero
No necesitó mate ni harina de coca para volar un Mirage V, para ser presidente de la Federación Peruana de Ciclismo, para cantar como tenor lírico de zarzuela, para publicar dos poemarios ni para traducir del inglés su propio libro "Médicos contra pacientes" con miras a filmar su primera película. El doctor Teobaldo Llosa es un personaje 'alucinante'. Acaba de promover las primeras cápsulas de harina de coca con fines médicos y se enfrenta sin ambages a la polémica contra su satanización.
|
¿Vivimos
un 'boom'
naturista
con
la
harina
de
coca,
similar
al
que
se
produjo
con
la
maca
y la
uña
de
gato?
Yo
le
quitaría
los
adjetivos
de
milagroso
y
hoja
sagrada
que
le
están
dando
e
iría
a
las
cosas
concretas:
es
un
producto
natural
de
las
hojas
de
coca,
sin
añadidos,
sin
tóxicos,
solo
la
molienda,
y
conserva
todas
las
propiedades
al
cien
por
ciento,
con
la
facilidad
de
que
no
hay
que
masticarla
ni
echarle
una
'llicta'.
Y
que
los
intestinos
absorben
todos
sus
elementos,
especialmente
el
calcio,
la
vitamina
D,
A,
hierro,
y,
además,
la
cocaína.
Ha
mencionado
la
palabra
maldita
Ahí
es
donde
viene
la
polémica,
la
cocaína
por
vía
oral
como
la
consumen
los
chacchadores,
o
como
se
bebe
en
mate
de
coca,
es
buena,
es
un
estimulante,
como
tomarse
una
taza
concentrada
de
café
o un
'red
bull'
cuando
uno
quiere
estar
despierto.
Una
bolsita
tiene
un
gramo
de
hoja
de
coca,
un
promedio
de
cinco
miligramos
de
cocaína,
que
equivale
a
dos
tazas
de
café
normal
con
160
miligramos
de
cafeína.
Pero
además
tiene
otros
efectos
superiores
al
café,
es
un
antifatigante,
por
eso
los
mineros
y
los
agricultores
chacchan
todo
el
día,
trabajan
más
y se
agotan
menos.
Y
les
controlaba
el
apetito
sin
desnutrir,
usted
no
ha
visto
serranos
anoréxicos.
Por
eso,
se
dice
que
la
coca
es
la
mejor
planta
laboral
del
mundo,
sin
exagerar.
¿Si
lo
compara
con
el
café,
éste
tiene
contraindicaciones
y
produce
daños
en
la
gente
hipertensa,
con
gastritis?
Desde
la
época
de
los
incas
no
se
da
coca
a
las
gestantes
ni a
los
niños.
Por
algo
será,
no
sabemos
todavía.
De
repente,
tiene
demasiado
calcio
--porque
la
coca
es
la
planta
que
tiene
más,
cuatro
o
cinco
veces
el
que
tienen
otras
yerbas
y
los
pescados--
y
podría
calcificar
el
cartílago
de
crecimiento.
Hay
que
tener
precauciones
con
las
personas
hipertensas,
las
que
tienen
presión
intraocular
alta,
glaucoma.
Usted
es
el
principal
estudioso
de
la
hoja
desde
1996,
¿pero
por
qué
hasta
ahora
no
existe
un
documento
científico
contundente
que
pueda
hacer
frente
a la
imagen
negativa
que
se
difunde
por
todos
los
medios?
Hay
mucha
información
peruana,
boliviana
y
mucho
más,
norteamericana;
sus
gobiernos
la
combaten
pero
sus
científicos
nos
dan
el
apoyo
en
todo.
Lo
que
pasa
es
que
no
hay
mucha
divulgación.
Si
fuera
verdad
que
la
cocaína
por
vía
oral
causa
adicción,
no
habría
ni
una
sola
bolsa
de
mate
de
coca
en
el
mercado.
La
cocaína
por
la
boca
no
excita,
no
trastorna,
no
crea
paranoia,
sino
estimula
como
un
café.
¿Y
oralmente
no
genera
adicción?
Usted
ha
confesado
que
es
adicto
al
café
y su
consumo
es
oral.
Yo
tomo
todo
el
día
café.
Pero
es
una
adicción
química
y la
que
se
persigue
es
la
adicción
de
conducta.
Es
distinto,
cuando
alguien
comienza
a
usar
la
cocaína
por
la
nariz,
la
fuma
como
pasta
o se
inyecta,
se
excita,
se
trastorna,
se
pone
agresivo
o
deprimido,
abandona
los
estudios,
los
trabajos,
roba,
se
vuelve
sociópata.
El
chacchador,
en
cambio,
consume
para
trabajar
más.
Esas
son
las
diferencias.
El
término
que
se
usa
ahora
en
psiquiatría
y en
patología
es
dependencia.
Significa
que
yo
voluntariamente
voy
a
buscar
algo...
Pero
aún
ahí
existe
el
riesgo
de
que
en
un
momento
ya
no
sea
una
elección
libre,
sino
que
ya
no
pueda
vivir
sin
la
sustancia
ni
controlarla.
Por
ejemplo,
si
le
quito
el
café
por
muchos
días,
¿usted
tendría
síndrome
de
abstinencia?
Sí,
pero
un
síndrome
que
no
trastorna
mi
conducta.
Cuando
uno
tiene
un
síndrome
de
abstinencia
tipo
cocaína,
tipo
heroína,
necesito
la
droga
tanto
que
soy
capaz
de
vender
todo
lo
mío,
luego
lo
de
los
demás
y
cuando
alguien
se
opone,
soy
capaz
de
matarlo.
Por
eso
hay
crímenes
por
las
drogas.
El
café
me
produce
una
dependencia
fisiológica,
pero
pasado
unos
días
desaparece,
¿usted
se
ha
enterado
que
alguien
robó
o
mató
por
una
taza
de
café?
Usted
le
tiene
tanta
fe
al
consumo
oral
de
la
hoja
de
coca
que
paradójicamente
hasta
la
ha
usado
para
combatir
la
adicción
al
clorhidrato
y a
la
pasta
básica.
Casi
un
método
homeopático.
Para
combatir
la
adicción
al
cigarro,
se
usan
parches
de
nicotina,
autorizado
por
los
ministerios
del
mundo.
Y la
metadona
se
usa
para
los
adictos
a la
heroína.
Yo
soy
pionero
de
un
tercer
método
que
se
llama
terapia
de
sustitución
o
agonista:
la
cocaína
oral
como
cápsulas
o
como
infusiones;
donde
no
se
sustituye
la
sustancia
sino
la
forma
de
usarla.
Es
que
repito,
lo
máximo
que
uno
puede
hacer
si
se
come
un
kilo
de
hoja
de
coca
es
intoxicarse,
no
se
va a
volver
adicto.
¿Cómo
llegó
a
este
tratamiento?
Usted
se
hizo
famoso
en
los
años
80
por
hacer
operaciones
al
cerebro
para
combatir
la
adicción,
que
incluso
hizo
que
el
famoso
Jacques
Cousteau
lo
entrevistara
para
un
documental.
Yo
había
venido
de
estudiar
en
Brasil
y
trabajé
en
una
clínica
psiquiátrica
que
comenzaba
a
llenarse,
hasta
en
un
80%,
de
una
clase
de
adictos
que
fumaban
un
cigarro
con
pasta.
Dirigí
a
doce
médicos
y
los
pacientes
entraban
y
salían
y
había
tanta
desesperación,
la
gente
nos
criticaba:
pero
no
pueden
curarlos,
para
qué
son
psiquiatras.
Y
usábamos
todos
los
métodos
modernos.
Pero
en
el
año
82,
veíamos
que
no
podíamos
curar
a
nadie.
Un
día
tuvimos
en
Navidad
un
paciente
que
masacró
a la
madre.
Se
reunieron
mis
médicos
y
les
dije:
señores,
por
aquí
no
podemos
seguir.
¡Y
decidió
optar
por
la
lobotomía!
Ese
fue
el
problema,
confundieron
lobotomía
con
cingulotomía
anterior
bilateral,
que
es
una
cosa
muy
específica,
que
hasta
ahora
se
usa
para
la
ansiedad,
para
ideas
depresivas
con
tendencia
de
suicidio
que
nadie
puede
controlar.
Fui
al
Congreso
Mundial
de
Viena
en
el
año
84 a
presentar
los
casos
y se
horrorizaron.
En
el
"Le
Monde"
de
París
me
dijeron
Mengele
peruano,
en
Estados
Unidos
me
dijeron
brujo.
Había
tanta
oposición
que
paramos
de
operar,
pese
a
que
sané
al
50%
de
enfermos
considerados
irrecuperables.
Y
casi
le
quitan
el
título
de
psiquiatra...
En
la
asociación
psiquiátrica,
pero
no
pudieron.
Por
eso,
decidí
investigar
el
uso
oral
de
la
cocaína
y me
fui
a la
sierra,
hice
los
estudios
en
Quillabamba,
vi
que
los
serranos
consumían
hoja
de
coca
más
de
treinta
años,
seis
días
a la
semana,
estaban
sanos.
Hice
estudios
de
sangre
en
el
hospital
y lo
único
que
tenían
eran
parásitos.
Entonces
comencé
a
usar
mate
de
coca
como
sustituto
para
la
adicción
y vi
que
la
gente
comenzaba
a
controlarla.
Y me
becaron
en
Estados
Unidos
en
1991,
el
mismo
instituto
que
me
llamó
brujo.
Vamos
a
otro
aspecto
polémico,
usted
aboga
por
la
industrialización;
pero
por
más
alternativo
que
sea,
¿por
qué
no
se
logran
resultados
concretos?
Se
supone
que
por
la
lógica
de
mercado...
¡Porque
hay
monopolio!,
Enaco
es
la
única
que
vende
la
harina
de
coca,
sin
embargo,
ya
la
está
soltando.
Ya
hay
hasta
cremas
de
coca
con
licencias
de
Digesa,
porque
es
anestésico.
Hay
aguardiente
de
coca,
vino
de
coca,
que
se
está
haciendo
en
Huanta.
Y
las
cápsulas
son
el
producto
más
moderno.
Y
ahora
la
hoja
de
coca
con
chocolate.
Digesa
está
muy
abierto
a
aceptar
los
beneficios
de
la
coca.
Pero
que
quede
claro
que
yo
también
combato
al
narcotráfico,
no
se
me
hubiera
ocurrido
ser
adicto,
hasta
opero
a
los
adictos.
Y el
argumento,
que
lo
ve
en
carteles
y
hasta
en
la
publicidad
del
cine:
que
la
inmensa
mayoría
de
los
cultivos
se
va
al
narcotráfico.
Es
cierto,
pero
la
solución
no
es
erradicar.
La
erradicación
ha
fracasado
desde
la
época
de
los
españoles.
La
erradicación
fracasó
en
Asia
con
el
opio.
¿Qué
hago
con
las
hojas?
Hago
chocolates,
que
se
pueden
vender
hasta
en
un
dólar
para
los
turistas.
Se
tiene
que
hacer
que
los
propios
agricultores
tengan
derecho
a
hacer
su
harina
de
coca,
su
mate
de
coca,
no
solo
Enaco,
porque
son
costeños.
En
Colombia
han
comenzado
a
hacer
papeles
de
coca,
la
celulosa
de
la
raíz,
las
hojas,
los
tallos
y la
fibra
las
han
convertido
en
cartones.
No
solo
con
la
hoja,
hay
que
industrializar
toda
la
planta,
faltarían
hectáreas,
el
Gobierno
diría
siembren
cien
mil
más
porque
faltaría
para
producir
cartones
y
papel
de
coca.
¿Usted
ha
viajado
a
las
zonas
cocaleras?...
¿Ha
hablado
con
los
líderes
cocaleros?
A
las
zonas
de
narcotráfico
no,
ni
quiero
meterme
en
política
porque
se
distorsionan
las
cosas.
He
estado
por
Tingo
María
de
vacaciones,
en
Quillabamba
y en
la
mina
de
Casapalca.
Soy
un
científico.
Ni
me
he
leído
la
suerte
en
las
hojas
de
coca,
soy
muy
realista.
Ficha
Técnica
Nombre:
Teobaldo
Llosa.
Edad:
66
años.
Profesión:
Psiquiatra
graduado
en
la
Facultad
de
Medicina
de
la
Universidad
de
Brasil.
Médico
aeroespacial
en
la
School
of
Aerospace
Medicine
de
Texas.
Investigador
del
National
Institute
on
Drug
Dependence.
Cargo:
Fundador
de
las
clínicas
Mariátegui,
Heidelberg,
Llosa
y el
Instituto
del
estrés.
Tomado
de:
El
Comercio
www.elcomercioperu.com
26/03/2007